Un Mundo Nuevo

Imaginasen por un momento un mundo donde todo es nuevo. Que magnifico, ¿no? Ese es el mundo que el Señor nos promete en la segunda lectura. Cuando nos dice: “Ahora yo voy a hacer nuevas todas las cosas” (Apocalipsis 21: 5ª).

¿A qué se refiere el Señor? ¿A cosas nuevas como un vehículo, nuestra casa etc.? Quizás, pero es más apropiado pensar que él se refiere a un mundo puro y perfecto; lleno de vida divina, donde encontramos paz y amor, curación, perdón, olvido, y alegría.

Las lecturas de hoy nos dan tres ejemplos de esa promesa: Primero, Dios envió a su hijo Jesús para que renovara la unión con sus hijos e hijas que Adam y Eva rompieron. La resurrección de Jesús sella la nueva unión con el Padre, la cual el espíritu santo continua.  Segundo, la promesa de Dios se llevó acabo en la persona de Pablo. Su encuentro con Jesús convirtió a Pablo en una nueva persona que dejo de perseguir a los creyentes de Jesús y empezó a propagar el mensaje de Dios. Y tercero, en el evangelio escuchamos como Jesús hizo nuevo el mandamiento que Dios le dio a Moisés para los israelitas en el libro de Levíticos: “ama a tu prójimo como a ti mismo.” (Lev 19:18). Jesús convierte nuevo el mandamiento cuando declara: “Les doy un mandamiento nuevo: que se amen los unos a los otros, como yo los he amado; y por este amor reconocerán todos que ustedes son mis discípulos” (Jn 13:34-35).

Pero ¿qué significa para nosotros que Dios va a hacer nueva todas las cosas? A continuación, hay tres puntos que presentan el significado.  Primero, la promesa de la resurrección de Jesús está disponible para nosotros. Segundo, nosotros como Pablo podemos recibir el mismo don de misericordia que él recibió si tenemos un encuentro personal con Jesús. Y tercero, si nosotros obedecemos el nuevo mandamiento de Jesús podemos convertimos en nuevos discípulos.

La próxima pregunta entonces es: ¿Cómo Dios puede hacernos nuevo? Un modo que Dios usa para hacernos nuevos es los sacramentos. A través de los sacramentos Dios nos hace nuevos cuando nos libra del pecado original a través del bautismo. Él nos hace nuevo cuando comemos y bebemos el pan y vino de vida de la eucaristía. Dios nos hace nuevo cuando recibimos el espíritu santo durante la confirmación. Él nos hace nuevo cuando confesamos y nos arrepentimos de nuestros pecados.  Dios nos hace nuevo cuando nos unimos como esposa y esposo en vida matrimonial. Él nos hace nuevos cuando nos alienta y nos prepara con el aceite de la unción en momentos de enfermedad. Finalmente, Dios nos hace nuevo cuando ordena a diáconos y sacerdotes.

Hermanos y hermanas, Dios nos ha hecho una promesa que el hará nueva todas las cosas. Dios no hace promesas en vano. Cuando él dice que él va a hacer nueva todas las cosas, creámosle y hagamos todo lo posible de nuestra parte para recibir la promesa que él nos dio.

Amen.

Homilia 19.5.2019

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